lunes, 28 de noviembre de 2016

XXIX

Dejaron los huesos donde estaban, taparon el hoyo con un par de ramas y ambos se marcharon. Por el camino, Cristock le explicó a su compañero que el trabajo ya estaba hecho, que ahí no había los fósiles que buscaba y que debía dirigirse a otro de los puntos marcados en su aparato GPS. Rocco le propuso seguir ayudándole en dicha búsqueda, pero Cristock le dijo que no era posible. Le pagó lo acordado, y más. Rocco no quiso aceptarlo, se sentía apenado porque pensaba que su trabajo no había valido para nada. Cristock le metió el dinero en el bolsillo y le aclaró al buen hombre que lo importante no era irse con las manos vacías, sino haber averiguado que éste no era el lugar correcto, y eso ya era un trabajo muy importante. Pero Rocco no quedó muy convencido.


En la estación se despidieron y Cristock, armándose de sinceridad, le comunicó a su amigo que le echaría de menos. Le dio un abrazo, al cual Rocco no respondió y se marchó al momento sin articular palabra. Cristock se quedó ahí sentado, un rato, pensando. Una vez más, el hombretón acaparaba el pensamiento del científico loco. —Lucy, Lucy… Espero poder compensarte algún día, como es debido, lo que acabas de hacer por mí. ¡Lo que acabas de hacer por el mundo!— Entonces, como si ese pensamiento megalómano hubiera activado su cuerpo,  se puso en pie y corrió hacia la cueva.

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